El valle temblaba bajo la presencia del Guardián del Olvido. Sus ojos, como pozos de tiempo, parecían absorber no solo la luz del día, sino también la determinación de los portadores. La bruma que lo rodeaba distorsionaba la percepción del espacio y el tiempo; los árboles se movían como si flotaran y cada paso parecía durar un instante eterno.
Ciel respiró hondo, sintiendo la energía de todos los portadores a su alrededor. La marca del eclipse brillaba más fuerte que nunca, fusionando memoria a