La noche cayó sobre la fortaleza Vorlak con una calma inquietante. Los portadores descansaban tras días de entrenamiento, batallas y reconstrucción. La luz de la luna iluminaba los muros reforzados y los campos del valle, proyectando sombras que se movían con suavidad, casi como si tuvieran vida propia.
Ciel caminaba sola por los corredores antiguos, guiada por una intuición que no podía ignorar. La marca del eclipse brillaba con un resplandor tenue, pero constante, recordándole que aunque la g