El valle respiraba lentamente, como si la tierra misma hubiera contenido la respiración durante siglos y ahora pudiera relajarse. La fortaleza Vorlak, aunque dañada por la batalla final, comenzaba a reconstruirse bajo las manos de los portadores. Cada piedra colocada y cada muro reforzado no solo servía de protección, sino que era un recordatorio de los sacrificios y aprendizajes recientes.
Ciel caminaba por los pasillos, con la marca del eclipse aún brillando levemente en su brazo. A su alrede