Donde el vacío aprende a nombrar
El asentamiento se llamaba Kareth.
Había sido un punto neutral durante generaciones: ni completamente humano, ni totalmente vampírico. Un lugar donde los pactos se sellaban con palabras antes que con sangre. Por eso, cuando Ciel puso un pie en sus límites, sintió el eco de lo que allí se había perdido.
No fue dolor.
Fue ausencia.
Las casas seguían en pie. Las lámparas aún ardían. Pero las personas… estaban huecas. Caminaban, hablaban, obedecían. Sin voluntad. Sin deseo.
—Esto no es muerte —susurró Ian—. Es algo peor.
Ciel avanzó despacio, como si temiera romper el suelo.
—El vacío no está destruyendo cuerpos —dijo—. Está retirando el significado. Les quita la razón de elegir.
Un niño pasó corriendo junto a ellos. Tropezó. Cayó. No lloró.
Ian apretó los puños.
—No podemos dejar esto así.
—No lo haremos.
El símbolo del eclipse respondió con un pulso grave.
Ciel se detuvo en el centro de la plaza.
—Está aquí —dijo en voz baja—. Observándonos.
El aire se t