Donde el vacío aprende a nombrar
El asentamiento se llamaba Kareth.
Había sido un punto neutral durante generaciones: ni completamente humano, ni totalmente vampírico. Un lugar donde los pactos se sellaban con palabras antes que con sangre. Por eso, cuando Ciel puso un pie en sus límites, sintió el eco de lo que allí se había perdido.
No fue dolor.
Fue ausencia.
Las casas seguían en pie. Las lámparas aún ardían. Pero las personas… estaban huecas. Caminaban, hablaban, obedecían. Sin voluntad. Si