El helado estaba a punto de vencerse entre tus dedos cuando escuchaste un crujido leve detrás de ti. Pensaste que era una rama rota por el viento, pero el aire se volvió distinto… como si alguien más respirara en tu misma dirección.
No volteaste al instante. Seguiste lamiendo el borde de chocolate que quedaba, lenta, distraída, con la mirada perdida en algún punto del suelo. La dulzura todavía se deslizaba por tu lengua cuando una voz, profunda y baja, rompió el silencio.
—Te vas a ensuciar más