El viento rugía sobre las torres de Vorlak como una bestia que anunciara lo inevitable.
Las nubes se habían ennegrecido de forma antinatural, y un brillo plateado se filtraba entre ellas, iluminando el bosque con una luz que no pertenecía a la luna.
Ciel no podía dormir. Desde aquella noche, las visiones habían regresado: sombras, sangre y una voz que la llamaba desde el otro lado del tiempo.
Se encontraba en su habitación, frente al espejo cubierto por una tela gris. El aire se sentía denso, c