Ciel caminó rápido por los pasillos, intentando ignorar las miradas curiosas de sus compañeros. Sentía el corazón acelerado, la respiración entrecortada… y ese nudo en el pecho que siempre le dejaba Ian.
Mia, que no la dejaba ni a sol ni a sombra, la alcanzó.
—¡Ey! No me digas que esos dos están peleando por ti, ¿ah? —preguntó con una sonrisa pícara.
Ciel suspiró, bajando la mirada.
—No es tan simple, Mia. No son como los chicos normales.
—Oh, no me digas que son millonarios, modelos o… —la voz