―¿Qué haces despierto a esta hora de la mañana, cariño? ―la voz chillona de Georgina, me aparta con brusquedad de mis pensamientos―. Regresa a la cama, te necesito.
La ignoro. Tomo la botella y vuelvo a llenar el vaso.
―Regresa a la habitación, me reuniré contigo más tarde.
El teléfono vuelve a sonar, anunciando una nueva notificación.
―¿Quién llama a esta hora de la madrugada?
Insiste, lo que me lleva al límite de la paciencia. Me doy la vuelta y la miro a la cara.
―¿Qué parte no entendis