Comienzo a recobrar el conocimiento. De repente, percibo un olor familiar que me aturde los sentidos y me impulsa a abrir los ojos. Sigo perdida en el limbo, con la mente nublada y la mirada borrosa. Sin embargo, lo suficientemente despierta como para reconocer aquella mirada celeste que me observa con desconcierto.
―Eres tú…
Suelto, antes de darme cuenta de lo que estoy diciendo. Una vez que soy consciente de lo que está sucediendo, pego un grito e intento alejarme de él, no obstante, pronto