A las cuatro de la tarde, la casa estaba en silencio. Mateo y Emma estaban en casa de unos vecinos jugando, para que pudieran tener la conversación sin interrupciones. Lucas se sentó en el centro del sofá de la sala, nervioso, con las manos entrelazadas sobre las rodillas. Valeria y Diego se ubicaron a cada lado de él, como dos guardianes silenciosos.
El portátil estaba sobre la mesa de centro. Diego hizo la conexión a la videollamada que el abogado de Víctor había programado.
La pantalla se en