Los días siguientes fueron un equilibrio precario sobre un hilo invisible.
Lucas seguía yendo al colegio como siempre, pero ya no era el mismo. Hablaba menos en la mesa, pasaba más tiempo en su habitación y, de vez en cuando, Valeria lo sorprendía mirando la foto de Rafael que guardaba bajo la almohada. No decía nada al respecto, pero ella lo notaba. Una madre siempre nota cuando algo se mueve dentro del corazón de su hijo.
Diego, por su parte, se había convertido en una sombra protectora. Apen