La mañana siguiente amaneció tranquila en la suite del hotel. Los rayos de sol entraban por las cortinas del Malecón, iluminando la cama donde los cuatro dormían abrazados. Valeria fue la primera en despertar. Miró a Diego, que tenía el rostro todavía marcado por los golpes, y a sus hijos, que dormían plácidamente entre ellos.
Por un momento quiso creer que todo había sido una pesadilla.
Pero el dolor en su brazo herido y el mensaje de la noche anterior le recordaron que la realidad era muy dif