El 25 de diciembre amaneció con un sol radiante y una brisa fresca que hacía ondear las cortinas de la casa. Valeria se levantó a las seis, como siempre, y preparó chocolate caliente dominicano con queso fundido y pan de yema. El aroma inundó toda la planta baja.
Lucía fue la primera en bajar, descalza y con el pijama arrugado. Al ver a su abuela en la cocina, corrió hacia ella y le abrazó las piernas.
—Abuela… ¡regalos! —dijo mezclando español e inglés.
Valeria rio y la levantó en brazos.
—Pri