Cinco años habían pasado desde la partida de Lia.
La casa frente al mar ya no era la misma, y al mismo tiempo, seguía siendo exactamente la misma. El flamboyán que ella tanto amaba ahora era un árbol majestuoso que cubría gran parte de la terraza con sus flores rojas cada verano.
Mateo, con cincuenta años, tenía el cabello casi completamente canoso. Seguía viviendo en la casa, aunque viajaba con frecuencia por trabajo. Daniela, de treinta y tres años, se había convertido en una reconocida ilust