Dos años después de la partida de Lia, la casa frente al mar se transformó.
Lo que antes era solo el hogar de una familia ahora tenía un nuevo propósito. Mateo cumplió su promesa. Reformaron la parte trasera de la propiedad y crearon “La Casa de Lia”: un espacio abierto los fines de semana para niños y niñas que vivían en situaciones vulnerables. No era un orfanato formal, sino un refugio de amor temporal. Un lugar donde pudieran correr descalzos por la arena, comer sancocho hecho con cariño y