El día del viaje llegó con un cielo completamente despejado, como si hasta el clima estuviera conspirando para que todo saliera perfecto.
Nadie durmió bien esa noche. Valeria se levantó a las cuatro de la mañana y se quedó sentada en la sala a oscuras, abrazando una taza de té que ya se había enfriado. Diego bajó poco después y se sentó a su lado sin decir nada. Simplemente entrelazaron sus manos y se quedaron así, en silencio, hasta que amaneció.
Lucas bajó a las seis y media, vestido con la r