Apenas la puerta de la habitación se cerró detrás de ellos, el silencio estalló como vidrio.
Theo caminó directo al centro de la habitación, respirando fuerte, las manos cerradas en puños.
Greta entró detrás, con la misma furia temblando bajo su piel.
El vínculo ardía entre ellos.
Pero esta vez… ardía como un campo de batalla.
—¿Por qué ese macho puede tocarte? —soltó Theo, dándose vuelta tan rápido que Greta dio un paso atrás—. ¿Por qué él puede abrazarte así, tan confiado, como si tuviera der