CAPITULO 96 — Siempre fuiste tú.
El cuerpo del alfa oscuro cayó entre los restos de casas incendiadas, madera astillada y cenizas que aún flotaban como nieve maldita sobre la aldea devastada.
La energía dorada del impacto seguía vibrando en el aire, como si el mismo cielo hubiera sido herido por aquel ataque.
Theo permanecía de pie, el pecho subiendo y bajando con fuerza, la esfera primordial aún ardiendo en sus manos. La luz blanca comenzaba a apagarse lentamente, pero el dorado seguía latiendo suave… constante.
Greta estaba a