Por Evangelina
Cuando entré a mi habitación, Edgardo estaba saliendo del baño, se había duchado y sin consultarme, había decidido quedarse en mi dormitorio, aunque era lo que yo estaba esperando, es decir, pasar la noche acomodada en sus brazos.
Él tenía un toallón en su cintura y estoy segura que debajo no tenía nada, mi intención era sentir el calor de sus brazos, pero mi mirada recorrió, inconscientemente, su cuerpo y viéndolo casi desnudo, pese a todo lo que sucedió ese día, cierto calor, u