Parte 2. Capítulo 16. La pesadilla.
El escenario había cambiado. Ahora la selva estaba llena de vida, verde y húmeda, repleta de sonidos.
Pero además, había un olor asfixiante: a madera quemada, a destrucción y a maldad, aromas que se mezclaban con el salitre del mar.
Apartó con las manos una cortina de vegetación y observó la edificación que se erguía frente a ella, envuelta entre maleza y con las paredes rasgadas por el deterioro. El techo había desaparecido casi en su totalidad.
Los dos pisos de cemento, con ventanales amplios