Nada más aterrizar el avión en Seattle, salimos de la terminal los cuatro subiendonos al primer taxi que estaba disponible en la parada dándole Carlos al conductor la dirección de la empresa de el y de David, quedándose mi esposo algo contrariado, ya que aunque nos dijeron que en el avión nos explicarian porque todo era urgente, no hubo ocasión de que así fuera. Al llegar al edificio y bajar los cuatro del taxi, nos quedamos David y yo estupefactos, pues todo estaba quemado y aunque entramos pa