Belle
Mis pies descalzos golpeaban la madera del pasillo mientras corría, pero era inútil. En el fondo, creo que mis piernas no querían alejarme de él, sino llevarme a un lugar donde no tuviera escapatoria.
Llegué a mi habitación, con el corazón martilleando contra mi garganta, y traté de cerrar la puerta. Una mano grande y fuerte, con los nudillos blancos por la presión, detuvo la madera antes de que el pestillo encajara.
—Demasiado lenta, Belle —ronroneó Carson desde el otro lado.
Empujó la puerta sin esfuerzo. Yo retrocedí hasta que mis muslos chocaron contra el borde de mi cama. La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por los relámpagos que estallaban fuera, recortando su silueta inmensa y amenazante.
No me dió tiempo a pensar. Se abalanzó sobre mí, no con violencia, sino con una autoridad absoluta. Me agarró de la cintura y me levantó como si no pesara nada, sentándome de golpe sobre la cómoda alta de madera maciza frente a la cama.
Quedé a la altura de su pecho. Mis pie