Annelisse
Antes de que pudiera procesar sus palabras, Draven me levantó por la cintura con una facilidad aterradora y me sentó sobre el borde del escritorio. El sonido de los expedientes y bolígrafos cayendo al suelo se perdió bajo el estruendo de un trueno que sacudió el edificio, pero la verdadera tormenta estaba ocurriendo dentro de mi oficina.
—Ábrete para mí, Annelisse —ordenó.
Separé las piernas, dejando mi feminidad expuesta, vulnerable y palpitante ante sus ojos grises. La luz roja de e