Amelia
El pasillo del departamento de Literatura estaba sumido en ese silencio reverencial que solo existe en las universidades después de las seis de la tarde.
Mis zapatos repiqueteaban contra el suelo de mármol, un sonido rítmico y solitario que delataba mi nerviosismo, aunque trataba de convencerme de que lo que sentía era indignación.
Llevaba mi ensayo final apretado contra el pecho como un escudo. Un "Notable". Gabriel me había puesto un maldito "Notable". Para cualquier otro estudiante, habría sido motivo de celebración, para mí, que había devorado cada lectura obligatoria y complementaria, que había intervenido en cada debate con argumentos afilados solo para buscar su aprobación, era un insulto.
O una provocación.
Me detuve frente a la puerta de madera oscura de su oficina.
Respiré hondo, alisando mi falda y ajustando el cuello de mi blusa. Mi corazón latía con una fuerza estúpida, una traición biológica que conocía demasiado bien. No estaba así solo por la nota.
Estaba así