Capítulo ochenta y ocho: Ataque.
―Un parajito me contó que amaneciste con reflujo estomacal ―dijo Maya a través del celular.
Me levanté de la cama jugueteando con los cordones de mi vestido.
―Ah… sí.
Fue una mentirita piadosa. No estaba de ánimos para visitar a mi progenitor. Por más fuerte que fingiera ser, la noticia que me dio ayer Austin me afectó. No era capaz de ver a ese hombre sin perder el control, confrontarlo por sus acciones, por arruinar cinco años de nuestras vidas. Pensé que solo se había aprovechado de la