Capítulo ochenta y dos: El doctor.
Caminé por los pasillos mientras mi sangre volvía a circular con normalidad. Antes hervía, ahora solo está caliente. Era fácil perderse en un hospital. Los pasillos eran idénticos, las recepciones de cada especialidad, las sillas. Si no fuera por los avisos que indicaban a qué área estábamos entrando, no sabría por donde me estaba metiendo. Deberían poner un mapa en cada pasillo.
Mis pies me llevaron al área de cuidados intensivos neonatales.
Se me vino a la mente el rostro del doctor.