Capítulo ochenta y uno: Desiciones.
La bilis la tenía atorada en la garganta.
―Él está estable. La cirugía fue un éxito. Por fortuna, la bala lo atravesó. Tuvimos algunos problemas con el músculo, pero logramos solucionarlo…
Veía su boca moverse, pero no escuchaba sus palabras. Mi mente se quedó vagando en las primeras palabras. ⟨⟨Él está estable.⟩⟩
Mi esposo estaba bien. Se recuperaría. El alivio se transfirió a mis piernas, las sentí débiles. Cómo si la angustia y el miedo fuese lo único que me mantuvieran de pie.
―¿Está