Capítulo ochenta y tres: La calma antes de la tormenta.
Una vez que le dieron de alta, le expliqué lo sucedido y lo que le pasó a la esposa del doctor. vi a Austin tan avergonzado.
―¿No me lo pudiste advertir, Kari? ―Se llevó una mano al rostro.
Nunca ―Te pisé ―Me defendí.
―Eso no fue suficiente. ¿Por qué pensaste que un pisotón me haría darme cuenta?
El auto se detuvo en el estacionamiento de la casa y bajamos. Maya nos seguía el rastro sin decir ni una palabra.
―En las películas siempre funciona. Cuando pisas a alguien significa que te call