—Mi Señor, todo se ha hecho de acuerdo a sus órdenes.
Sonrió Gabriel mientras su ejercicio se detenía en medio. Se sentó en el piso de concreto mientras dejaba de hacer flexiones. Agarrando la botella de agua, comenzó a mojar su garganta seca.
—¿Dónde esta ella? —su voz espesa y entrecortada entró en los oídos de Víctor, quien asintió con la cabeza.
—Ella está en el sótano cerrada según su orden.
Gabriel tarareó levantándose del suelo.
—Puedes llevarte a Kai contigo como quieras. Y por esa chi