Gabriel movió el afilador sobre su espada sentada en el sofá de su habitación. Llevaba una camisa negra holgada que dejaba ver levemente su pecho. Mientras que sus piernas estaban cubiertas con ajustados pantalones negros junto con sus pies los cuales estaban escondidos en botas largas que llegaban a sus tobillos.
Pronto la puerta de su cámara se abrió revelando a su general quien se arrodilló ante de volver a ponerse de pie. Gabriel permaneció ajeno a su presencia y mantuvo su atención fija en