Capítulo 5

Pude haberle seguido el beso al igual como lo había hecho hace unas horas, Blake era guapo, guapísimo, no lo iba a negar, tenía unos ojos en los que te podías perder mirándolos por horas, adornados por largas pestañas y sobre estas unas cejas oscuras y pobladas. Su cabello negro azabache hacía que quisieses deslizar tus manos por él solo para sentir su suavidad. Su rostro era digno de admirar, pues su mandíbula marcada le daba un toque sexy, mientras que sus labios gruesos te llamaban a besarlos exquisitamente. Pero, claro que había un pero, Blake la había cagado, y es algo que había evitado pensar mientras lo besaba hace unas horas. Por eso mi reacción al recordar esos sucesos del pasado, Blake estaba confundiéndome, y no quería volver a sentirme insignificante e intimidada a su lado. No estaba dispuesta a eso de nuevo.

Bastante blanda me había puesto con él hoy, y no entendí por qué, era como si de repente todo lo malo se hubiese ido por un momento.

Pero no podía seguir con esto, no quería volver a caer en su juego, así que puse mis manos en su pecho y separé mis labios de los suyos aun con mi frente pegada a la suya, Blake seguía rozando sus labios con los míos, moviendo el rostro hacia delante intentando volver a besarlos.

—Para— musité mientras suspiraba y daba un paso atrás, cayendo así sus manos hacia abajo dejando de tocar mi cuerpo—, es suficiente.

Blake lamió sus labios y permaneció con los ojos cerrados, respirando con dificultad.

 —Lo mejor es que yo me vaya ya—hablé, cruzando los brazos sobre mi pecho.

El abrió sus ojos de sopetón y avanzó rápido hasta mí, tomando mi mano.

—No, Amy, ahora no— me observó como rogándome con la mirada, suspiré y puse una mueca—, ven, vamos a casa y te curo las heridas, vamos. Ya es muy tarde, te prometo que mañana yo mismo te llevo a la ciudad.

—Deja de hacer eso. Deja de intentar ser amable porque ahora es muy tarde.

 —¿Seguirás el resto de nuestras vidas recordándome que la cagué?

Me quedé en silencio, inevitablemente todos los malos recuerdos venían y no podía evitar echárselos en cara, parecía una resentida de m****a incapaz de superar nada.

Ignorándolo, me di la vuelta y me dispuse a caminar, al estar tan apurada no medí la fuerza con la que pisé y solté un quejido.

—¿Estás bien?

Le di una mala mirada y el se agachó a mi lado y acarició mi tobillo.

—Está inflamado. Vamos a casa para que te vean eso.

—Técnicamente tienes mucho más que una casa, si tú tienes solo una ”casa" entonces yo no tengo nada—bufé mientras me cruzaba de brazos.

Me dio una sonrisa mientras se levantaba quedando frente a mí.

—Sabes perfectamente que tienes tu lugar ahí, siempre serás bienvenida. Eres dueña de todo lo que hay ahí—hizo una pausa jugando con un mechón de mi cabello—, hasta de mí.

Me puse roja de inmediato y fruncí el ceño, molesta.

—No seas pesado—farfullé.

Rio levemente y luego me dio una mirada que me hizo sospechar que planeaba algo.

—Ven aquí—y luego me cargó entre sus brazos, haciéndome soltar un chillido y agarrarme de sus hombros con fuerza.

—¡Bajame!

—Si lo hago ¿cómo se supone que regresarás?

—Es que no regresaré.

—Si lo harás.

—No estés tan seguro.

El cuello se me estaba acalambrando de tanto tenerlo en el aire, así que mientras el comenzaba a caminar, recosté mi cabeza en su hombro. Blake pareció tensarse y oí el latido un poco más acelerado de su corazón.

Pareció aprovechar el momento, y escondió su rostro en el hueco de mi cuello, inhalando con fuerza. Me estremecí y sentí como se me erizó la piel en miles de sensaciones incontrolables, jamás podría describir concretamente lo que sentía. Blake era como una especie de droga que luchaba con todas mis fuerzas para evitar, pero mientras más cerca estaba de mí, más me encontraba cayendo en la tentación.

—Oye—murmuré bajito, mi voz salió algo entumecida por los nervios del momento.

—¿Mhm?—preguntó con falsa inocencia mientras seguía olisqueando y deslizando la nariz por mi cuello.

—No hagas eso.

—¿Por qué?

—Pareces un perrito—respondí.

Arrugó la nariz, molesto, y entrecerró los ojos.

—¿Me has dicho…—soltó con lentitud, ofendido—”perrito"?

Solté una carcajada y pude ver como una sonrisa radiante aparecía lentamente en su rostro. Carraspeé y desvié mi vista de la suya, por un momento olvidé que me encontraba en sus brazos y de todo lo que había pasado.

—Si vas a reírte así cada vez que me molestas estaré dispuesto a que lo hagas toda la vida—comentó.

Quise sonreír, pero estaba sumida en pensamientos y recuerdos, que solo pude fingir un bostezo para no seguir con la conversación.

Oí a Blake soltar un suspiro y sentí como me llevaba entre sus brazos mientras caminaba sin prisa.

Blake

Mientras caminaba por las profundidades del bosque, siguiendo el rastro de ambos aromas para encontrar el camino correcto, me quedé mirando a la castaña dormida sobre mis brazos, su respiración chocaba contra la piel de mi hombro erizándome la piel, su mano se encontraba detrás de mi nuca, agarrada a ella con fuerza, como si temiera caerse, y la verdad no me desagradaba en absoluto que se aferrase a mí de todas las formas posibles.

Lo único que en este momento me tenía un poco inquieto, era que su aroma tan dulce me estaba enloqueciendo, mirar su cuello tan cerca de mí y tener su cuerpo ante el tacto de mis manos, hacía que mis pensamientos viajasen a situaciones en donde yo la tocaba, donde yo acariciaba su piel y podía tenerla completamente unida a mí, siendo uno solo. Pero nada era cómo a mí me gustaría, todo había empezado mal, y temía considerablemente que, por aquella razón, todo terminase de la misma forma.

Solté un suspiro mientras ingresaba por las puertas traseras del castillo y me despedía de los guardias, intentando no hacer mucho ruido.

Subí por las largas escaleras y me dirigí a su habitación, ingresé cerrando la puerta y dejándola en la cama.

Su largo cabello castaño se extendió desordenadamente por la superficie y ella se removió un poco. Era tan hermosa y única que a veces creía que no la merecía. Su manera de hacer muecas, la manera en que fruncía la nariz de manera adorable cuando algo no le agradaba, eran cosas tan pequeñas, pero que a la vez me hacían sonreír como un verdadero idiota.

El pequeño arranque de rabia mezclado con impotencia que le había dado, me dejó bastante preocupado, si bien no había estado cerca de ella durante mucho tiempo, sabía que llevaba cargas emocionales muy fuertes, ya sea por lo que yo la hice pasar, por lo que ha tenido que pasar con el hijo de p**a del cazador ese, con la muerte de su madre, y probablemente son muchísimas cosas más de la que yo no estoy enterado.

Quisiera poder ayudarla, poder contenerla y abrazarla en los momentos difíciles, pero al fin y al cabo era yo quien provocaba la mayoría de sus problemas, y eso me carcomía.

Me enteré de la verdad y fue tan tarde cuando eso pasó, porque ella ya se había marchado, yo ya la había roto y no había manera de que ella volviera a mí para poder disculparme y arreglar toda la m****a que había provocado.

Me quedé mirándola más de la cuenta, siempre me sucedía eso con ella, no podía dejar de mirarla, no podía contener las ganas de estrecharla contra mi cuerpo y quedarme junto a ella una noche entera.

Sonreí inconscientemente y deslicé el dorso de mi mano por su suave mejilla. Jodida humana, me tienes vuelto loco.

Su respiración era calmada, tranquila, nadie pensaría que cuando explotaba se convertía en el mismísimo demonio.

Revisé sus heridas y fui en busca del botiquín, saqué unas vendas, alcohol, tiritas, y con la mayor delicadeza curé las palmas de sus manos, las heridas de su rostro, y vendé su tobillo. Mañana mismo la llevaría a que se revisara.

Me acosté con cuidado a su lado, quería estar un rato con ella sin pelear, en realidad quería que siempre fuese así, pero pasaron tantas cosas que se me hacía imposible.

Su olor en estos momentos se estaba impregnando en mis fosas nasales agitándome la respiración. Jamás pensé que después de tanto tiempo ella seguiría causándome las mismas reacciones, e incluso con mayor intensidad.

Apoyé mi espalda en el respaldo de la cama, mirándola atentamente para no perderme de ningún detalle, y cuando vi que se removía bastante inquieta me preocupé. Comenzó a murmurar cosas entre dormida y fruncí el ceño.

—No, basta—murmuró comenzando a dar manotazos de un lado a otro mientras se removía incómoda en la cama.

Tuve un poco de curiosidad y quise seguir escuchando. Al instante la sentí quejarse y lloriquear y supe que en verdad lo estaba pasando mal.

—¡Blake!—gritó de repente sobresaltándome.

La moví del hombro y tomé su cara con mis manos.

—Amy, tranquila—espeté, intentando despertarla.

Acaricié su mejilla con delicadeza y ella se sentó en la cama de sopetón, respirando agitadamente.

Me miró con los ojos bastante abiertos, y entonces agarró la prenda que cubría la parte superior de mi cuerpo y me jaló hacia ella, estrechándome entre sus brazos con fuerza y apoyando su mejilla en mi hombro. Parpadeé sorprendido en el mismo instante en que mi corazón comenzó a latir con fuerza dentro de mi pecho. Era la primera muestra de afecto que ella me dedicaba, y eso hizo que quisiera apretarla entre mis brazos y nunca más soltarla. Dedicarle miles de momentos felices y que jamás se arrepintiera de estar a mi lado y perdonarme.

No perdí la oportunidad y le devolví el abrazo, enterrando mi cara en su cabello, inhalando con fuerza, memorizando su aroma. Acaricié su espalda intentando calmar sus sollozos. Su llanto me destrozaba.

—¿Qué pasa?—pregunté con voz suave, intentado mantener el momento intacto, y deseando que este abrazo no acabara.

—No… Sólo no digas nada, por favor.

Asentí con mi cabeza, esperando que captara el movimiento.

Ella se intentó separar y mis brazos se tensaron a su alrededor. Soltó un suspiro y apoyó sus manos en mi pecho.

—Blake…

Bajé mis manos, rendido, y la miré. Se estaba secando las lágrimas con los pulgares mientras intentaba regularizar su respiración.

—Hagas lo que hagas, Blake, no me sigas, nunca lo hagas.

Fruncí el ceño confuso, mientras ella parecía enseriarse cada vez más.

—No quiero que vayas sola…

—No—me interrumpió. Me tensé cuando puso ambas manos a los costados de mi rostro y me observó muy fijamente—. Jamás te atrevas a seguirme porque entonces ambos saldremos perjudicados.

Desvié mi mirara por un segundo, pero sus manos rápidamente sujetaron mi rostro para que no quitara mi mirada de la suya.

—Promételo—pidió.

—No lo haré, Amy.

Sus ojos comenzaron a lagrimear de nuevo, y sentí una punzada directo en el corazón.

—¿Es que no lo entiendes?—murmuró con la voz entrecortada— Si te apareces ahí tan solo unos minutos acabarán contigo.

—¿Y eso te asusta?

Se quedó en silencio unos segundos, analizando mi pregunta, y entonces, mordiendo su labio inferior con algo de vergüenza, asintió con la cabeza.

 Quise apretarla de la cintura y atraerla hacia mí, sin embargo, debía contenerme cada vez que me encontraba con ella y eso hacía que mis ganas de estar junto a ella crecieran cada vez más.

—Siempre me has detestado ¿Por qué te preocupa que algo me pase?

—Porque por más idiota que hayas sido, mi corazón no deja de latir ni un maldito segundo cada vez que te veo y no puedo dejar de pensarte ni un maldito instante— contestó, entreabrí los labios, sorprendido por sus palabras, y con la respiración cada vez más agitada por su cercanía.

Bajé mi mirada a sus labios por un segundo y luego cerré los ojos, apretando mis puños con fuerza.

Debía contenerme, debía hacerlo.

Sentí que se movió un poco y pude percatarme de que su calor corporal se percibía más de cerca. Abrí los ojos de golpe.

—No menciones esto, Blake. Ni hoy, ni mañana, ni nunca.

—¿Qué…

Se arrodilló en la cama, frente a mí y agarró mi cara con sus manos, plantándome un profundo beso que me dejó sin respiración y encendió cada parte de mi cuerpo al instante. La agarré de la cintura y ella se acomodó pasando su pierna por encima de la mías sentándose en mi regazo. ¿En que momento había pasado de estar triste a estar… así?

Solté una maldición cuando rozó levemente mi miembro, el cual al instante comenzaba a sentirse apretado dentro del pantalón.

—Amy… mañana te vas a arrepentir de estar haciendo esto.

—Simplemente te voy a dar un castigo por todas y cada una de las mierdas que hiciste, Blake—susurró conta mi oreja.

«Oh, m****a. Castigame todo lo que quieras»

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