Abro la puerta y sacudo al hombre con fuerza, esperando su ayuda, su seguridad. Lo único que veo es su cuello desangrado y toda su ropa manchada.
Suelto un jadeo y retrocedo, mis manos sudan mientras marco a Blake. El teléfono se me cae de las manos dando en la alcantarilla mientras escucho su voz en la lejanía.
—¡Blake!
Escucho pisadas, escucho risas, escucho hombres. Comienzo a correr, corro y corro hasta que no sé donde estoy. Un callejón es lo que puedo ver, acorralada, asustada. Así es com