Mientras todo este caos pasaba en la mansión, Mercedes aún se encontraba en el hospital, al lado de Ernesto. El ambiente era desolador; ella ya se estaba acostumbrando al sonido de los monitores y al olor a desinfectante en la sala. Mercedes no se separaba de él ni un instante, Ernesto permanecía en la cama de la unidad de cuidados intensivos, inmóvil y rodeado de máquinas que monitoreaban su estado. Había pasado días en coma inducido, y el médico había decidido que era momento de despertarlo,