—Le hice una pregunta, ¿quién es usted y qué hace en la puerta de mi casa? ¿Acaso nos conocemos? —dijo Monserrat, intrigada, mientras Guillermo permanecía a su lado, atento y preocupado por la situación.
La persona se acercó a Monserrat con una expresión seria en el rostro, como si cada palabra que iba a pronunciar tuviera una carga muy fuerte. Se detuvo un momento, evaluando la situación, asegurándose de que ella estuviera lista para escuchar lo que tenía que decir.
—Buenas tardes, busco al se