Guillermo sudaba frío mientras sostenía las manos de Monserrat entre las suyas, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza y su mente comenzaba a llenarse de miedo y dudas. Cada segundo que pasaba parecía un tormento interminable, y todo lo que deseaba era que ella decidiera quedarse a su lado, que no subiera a ese avión que estaba a punto de despegar. El ambiente en el aeropuerto se sentía pesado, como si el tiempo se hubiera detenido y todos los que se encontraban a su alrededor, se hubieran