Grecia estaba en el hospital, sumida en sus pensamientos, cuando de pronto su celular sonó. Al ver la pantalla, su corazón se detuvo un instante. Era Luis Fernando. Aunque no tenía su número guardado, lo conocía de memoria y estaba completamente segura de que se trataba de él. La palidez la invadió, y se sintió atrapada entre el impulso de contestar y el deseo de ignorar la llamada.
—¿Y no vas a atender, mi amor? —preguntó Guillermo, con una expresión que evidenciaba su curiosidad—. ¿Quién te