La noche prometía ser perfecta. El señor Pasquel no había escatimado en detalles para sus invitados especiales: la terraza del hotel brillaba como nunca, bañada en luces cálidas que titilaban suavemente, creando una atmósfera romántica y acogedora. Las luces colgantes, delicadamente distribuidas, parecían estrellas caídas del cielo, iluminando el espacio con un resplandor dorado. El viento traía consigo el aroma salobre del mar, acariciando las cortinas de lino que danzaban al compás de la bris