El silencio en la cocina se volvió abrumador, se creó una atmósfera pesada que las envolvió a ambas. Monserrat, con el corazón latiendo con fuerza, se preguntaba con asombro por qué la reacción de Grecia había sido tan repentina y drástica. La expresión de su rostro era un reflejo de incredulidad y temor, lo que inmediatamente la puso en alerta.
—¿Pero qué pasa, Grecia? —preguntó Monserrat, preocupada, su voz temblaba de angustia—. ¿Por qué te has puesto así, como si hubieras visto algo malo?
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