Se culpó a sí mismo por no haberla reconocido desde el primer encuentro, recordando lo petrificado que había quedado la primera vez que, por accidente, rozó su espalda. Si no hubiera estado tan nervioso, la habría identificado de inmediato.
—Señorita Star —dijo con una sonrisa cargada de significado—, no sabía que era usted la doctora Dónovan. ¡Qué coincidencia!
¿Señorita Star?
Isabella contuvo el aliento. ¡Me reconoció! No estaba adivinando… realmente lo sabe.
El impulso de salir corriendo