—¡Soy Lily Jazz! El año pasado participé en el Concurso Internacional junto a Eziam, ¡nos conocemos! Vengo a visitarla, ¿cómo te atreves a maltratarme y echarme? ¿Y a esta mendiga la dejas entrar? ¡Mírala! Ni siquiera puede pagarse un vestido decente, ¡no te dejes engañar por ella!
El guardaespaldas, Grim Lincoln, apenas levantó una ceja. Luego giró la cabeza hacia Isabella que observaba la escena con total serenidad. Para él, aquella mujer gritona no era más que una oportunista intentando acercarse a su jefa.
Si esto hubiera ocurrido en sus tiempos de peleador, Lily no habría sobrevivido ni a una patada suya. Pero ahora tenía un empleo estable y bien pagado, así que se limitó a cumplir su función: sacar la basura.
Grim Lincoln había sido el rey de la arena clandestina en Sunsville, un boxeador temido en los clubes de lucha ilegales. Fue allí donde conoció a Isabella. Ella apareció de la nada y le exigió un combate.
Al principio, Grim se negó. ¿Cómo podía enfrentarse, un hombre de