Todavía estaba aturdido, mientras el cliente aceptaba firmar un contrato de diez millones de dólares a cambio de medio frasco de la medicina.
Tomás había ido completamente preparado para negociar, dispuesto a usar todos sus argumentos para cerrar el trato.
Pero, para su sorpresa, el contrato se firmó con nada más que media botella de aquellas pastillas. Tras la firma, el cliente estaba tan satisfecho como si hubiera obtenido un negocio redondo. Se marchó apresuradamente, temiendo que Tomás ca