capítulo 34

Gordon se arrepintió al instante. Por una interrupción insignificante, había perdido un papel importante.

—¡Alexander … no, jefe, lo siento! Iré a buscar el contacto de Isabella, ¿te serviría eso? —dijo con tono suplicante.

Alexander lo observó fríamente y respondió:

—Está bien.

Gordon respiró aliviado y estaba a punto de irse cuando William lo detuvo:

—No puedes hacerlo. Mi hermana es demasiado joven para iniciar una relación.

William no permitiría que Isabella se viera envuelta con Alexander. Para él, aquel hombre arrogante y temperamental era un mal candidato desde el principio.

—Genial —bufó Gordon—. Aquí tenemos otro jefe. William, ¿por qué no me das tú el contacto de tu hermana? Así me salvas la vida y yo recupero mi papel.

William lo ignoró y, mirando fijamente a Alexander, le advirtió con voz cortante:

—No intentes secuestrar a mi hermana o te mataré.

Alexander arqueó una ceja, divertido por la amenaza, pero no contestó. ¿Secuestrarla? Isabella ya era su esposa en su
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