—Si eso es cierto, no podemos verlo… —murmuró Isabella, frunciendo el ceño—. El enemigo está oculto en la oscuridad. ¡Estamos en un gran problema!
Sus manos temblaban; apenas podía controlarse.
Sin embargo, enseguida entró en el papel, disimulando con naturalidad.
Con su habilidad para fingir emociones, era un desperdicio que no fuera actriz profesional.
—¿Qué debemos hacer? —continuó con un suspiro fingidamente amargo—. Esta droga no tiene antídoto. Y yo…
Alexander alzó la mano y, con un