Un joven apuesto, de cabello teñido y bata blanca, sostenía un bisturí mientras jugaba con un ratón blanco sobre la mesa de experimentos.
A su lado estaba Sabrina, también con bata blanca y su habitual expresión fría y arrogante.
Giró al oír la puerta abrirse y, al ver a Isabella, un destello de desaprobación y desdén cruzó su rostro.
—Debiste haberte equivocado de lugar —dijo con tono gélido.
Isabella la miró con calma, pero con una frialdad que bastó para hacer vacilar a Sabrina.
Antes d