Estaba a punto de decir:
—Vamos, cariño, acuéstate a mi lado. ¡Vamos a dormir! —cuando notó la mirada gélida de Jason.
Sin embargo, Chelsea ni se inmutó. Jason, frustrado, cambió de táctica y dirigió su atención a Cynthia, esperando que al menos ella ignorara la sugerencia descarada de Chelsea.
Cynthia sintió la tensión en el ambiente y, para no incomodar a nadie, se sentó a cierta distancia.
—¿Cómo estás? —preguntó con amabilidad.
—Estoy bien —respondió Chelsea con una sonrisa despreocupada—. ¡Me darán el alta en unos días!
James, sintiéndose ignorado, decidió unirse a la conversación.
—Yo también estoy bastante herido —dijo con tono lastimoso.
Tal como esperaba, Cynthia lo miró enseguida y se levantó para dejarlo sentarse.
—Debes descansar bien —le dijo con suavidad—. No estés mucho tiempo de pie, o tu herida no sanará.
James disfrutó cada palabra y cada gesto de atención, y se quedó en silencio para no arruinar el momento.
Por dentro pensó:
> “Podría decirle que ya no me duele… per