Y al día siguiente, como si su mente hubiera borrado el trauma,
se convenció de que lo sucedido no había sido tan grave.
Se dijo que había perdido la compostura porque no había tenido el valor suficiente.
Con esa excusa, se atrevió a buscar información sobre Isabella y Alexander.
En Internet descubrió algo que la llenó de esperanza:
no había registro de su matrimonio.
“Entonces, no está casado”, pensó con una sonrisa maliciosa.
“Ella no es más que su amante.”
En su mente, todo en