Los del grupo de James, en cambio, se miraron entre sí con una sonrisa.
La escena les resultaba familiar. James había hecho exactamente lo mismo la primera vez que Isabella lo venció.
Tom, que solía mirar por encima del hombro a todos, incluso había saboteado el intento de James de crear su propio equipo de carreras.
Y ahora, ese mismo hombre estaba tragándose su orgullo para invitar a Isabella a unirse a su club.
Un milagro, pensaron todos.
Isabella arqueó una ceja, como si considerara su propuesta con fingido interés.
—¿El Thunder Club? —repitió con voz suave.
—Sí —respondió Tom con un dejo de orgullo recuperado—. Es el club más importante de Sunsville. Tenemos casi diez años de historia, y todos nuestros miembros son jóvenes de familias influyentes. Hemos ganado varios campeonatos.
Isabella escuchó sin interrumpirlo, mientras lo observaba con una expresión impasible.
Sabía bien que existían dos tipos de clubes:
los de ricos que corrían por diversión… y los de pobres que