James abrió los ojos con asombro.
¿Estaba usando la velocidad máxima?
Solo un temerario haría eso en una carretera de montaña tan empinada.
Ella era valiente. O más bien, temeraria.
---
A mitad del recorrido, los corredores comenzaron el tramo de regreso.
Tom iba en cabeza, sonriendo confiado, imaginando cómo sería tener a Isabella en sus brazos después de la carrera, escuchando su dulce voz llamarlo por su nombre.
Pero un instante después, algo pasó a su lado como una bala.
Fue superado.
La moto de Isabella lo rebasó con una velocidad y precisión que lo dejaron petrificado.
Sus compañeros, acostumbrados a seguir su ritmo, quedaron atónitos, sin siquiera poder reaccionar.
Cuando quisieron darse cuenta, Isabella ya estaba muy por delante.
La expresión de Tom cambió drásticamente, y sus compañeros de equipo soltaron jadeos por los auriculares, acompañados de gritos de advertencia y maldiciones.
—¡Ten cuidado con esa chica! —gritó uno—. ¡No es tan débil como pensamos, la ju