Tom Levi, sin notar el peligro, siguió hablando. Se cansó de sus propias burlas al ver que Isabella no reaccionaba y cambió de tema.
—James, ¿qué pasa con la persona que te venció la última vez? —preguntó con tono desafiante—. Te di una última oportunidad para traerlo. Si no lo hiciste, no me culpes por ser antipático.
Sacó un palo de hierro de quién sabe dónde y comenzó a golpearlo contra la palma de su mano, sonriendo con hostilidad.
—Soy yo. —dijo Isabella con voz tranquila, pero fir