capítulo 142

Se preguntó qué estaría haciendo.

Mientras estaba distraída, alguien golpeó el cristal de la ventana. Fue rítmico: tres pulsos largos y un pulso corto, como un código Morse.

Isabella se puso en guardia y caminó hacia las ventanas del balcón.

Tan pronto como abrió las cortinas, alguien la abrazó. Se dio la vuelta, con la espalda apoyada contra el cristal.

Al sentir la fragancia familiar, retiró silenciosamente la mano, que estaba preparada para cualquier ataque.

Alexander la abrazó con tanta fuerza que parecieron latir como uno solo. Fue como lanzar una piedra a un lago en una noche tranquila: se sintieron olas interminables de emoción.

—¿Cómo entraste aquí? —Isabella se rió entre dientes.

Se preguntó: «¿Son todos los guardias tan inútiles?»

El aura fría de Alexander se desvaneció poco a poco. Soltó a Isabella y bajó la cabeza para mirarla; tenía una sonrisa traviesa y dijo en voz baja:

—¿Alguna conjetura?

Isabella le dio un golpecito en el hombro y lo miró, frunciendo la na
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